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El nuevo héroe es consistente, no invencible

  • jescronos
  • hace 8 horas
  • 2 Min. de lectura

Por qué las películas modernas están redefiniendo la fuerza a través de la identidad bajo presión.



Los nominados al Oscar de este año revelan algo interesante...


Este año, al observar las principales nominadas (One Battle After the Other, protagonizada por Leonardo DiCaprio, Sinners, Sentimental Value, Hamnet, Bugonia, protagonizada por Emma Stone, Frankenstein, dirigida por Guillermo del Toro, y F1, protagonizada por Brad Pitt), noté algo simple.

Ya no celebramos a los héroes que ganan.


Estamos observando a la gente que se sostiene.

Mantienen su posición.

Mantener su identidad.

Mantienen su posición mientras el mundo decide quiénes son.


El héroe no desapareció.

La definición de fuerza cambió.


A lo largo de historias muy diferentes, surge una tensión constante.

Identidad versus percepción.


En Una batalla tras otra, Leonardo DiCaprio interpreta a un hombre que se mueve en la inestabilidad. Navega por la complejidad sin perder el rumbo.


En la F1, Brad Pitt carga con el peso de su legado. El conflicto reside en cada mirada que cuestiona si la grandeza puede sobrevivir al tiempo.


En Bugonia, Emma Stone encarna a una mujer tratada como algo extraño, proyectado sobre ella, casi despojada de su capacidad narrativa antes de hablar.


Frankenstein de Guillermo del Toro presenta una criatura definida antes de actuar, juzgada antes de elegir.


En Sinners, los personajes se encuentran bajo la influencia de la acusación y el peso moral. El verdadero drama no reside en el espectáculo. Es cómo generan consecuencias.


Diferentes tramas. Mismo patrón.


Todos están vigilados.


La observación es la nueva presión.


La fragilidad bajo la lupa


El cine antiguo a menudo glorificaba el discurso, la victoria, el acto decisivo.

Estas películas mantienen la imagen en pantalla durante más tiempo.

Sobre la vacilación.

Sobre la incomodidad.

El segundo después de que alguien es juzgado.


El héroe no es invencible.

Él es visible.

Se puede dudar de él.

Puede que lo malinterpreten.

Puede tener defectos que son imposibles de ocultar.

Pero no se desintegra bajo esa visibilidad.


Cuando la gente decide quién eres, tu único movimiento real es seguir siendo quien eres.

Eso no es debilidad.

Es la gravedad.


La visibilidad lo cambia todo


Vivimos en una época de exposición permanente.


La visibilidad amplifica la desalineación.


Si lo que dices ser y cómo actúas difieren, el mundo lo ve.

Pero cuando un personaje absorbe el escrutinio sin perder coherencia interna, sucede algo interesante.

La credibilidad crece.

No porque dominen la habitación.

Porque no se derrumban en su interior.


El personaje más fuerte no es el que gana la sala.

Es el que no se pierde en ello.


Una recalibración cultural


Si miras con atención, esto no es casualidad.

Las historias tienden a revelar lo que una cultura está recalibrando.

Cuando varias películas giran en torno a la misma tensión (visibilidad, juicio, identidad bajo presión), generalmente significa que algo está cambiando debajo de la superficie.


El cine no inventa estos patrones.

Los amplifica.


Y cuando la fuerza se redefine en la pantalla, a menudo también se renegocia fuera de ella.


Éste no es el año del héroe invencible.

Es el año del consistente.





 
 
 

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